Los niveles 1, 2 y 3 del autismo describen el apoyo que necesita tu hijo hoy, no lo que puede lograr mañana. Descubre por qué los avances importan más que el diagnóstico.
Cuando llega el diagnóstico, uno de los primeros números que aparece es el nivel: 1, 2 o 3. Expectativas, pronósticos y a veces sin querer, los propios límites que empezamos a ponerle a nuestro hijo.
El nivel describe dónde está tu hijo hoy. No dónde va a estar mañana.
Lo que las pruebas Neuropsicológicas Confirmaron de Adrián.
Recientemente Adrián fue evaluado con pruebas de neuropsicología y obtiene un CI global de 91 el cual corresponde a un CI global rango medio y también dice que se observan diferencias importantes en los índices por lo cual se puede inferir que sus habilidades cognitivas no son homogéneas, hay áreas donde destaca y áreas donde necesita mucho más apoyo.
Y eso es exactamente lo que hace tan limitante quedarse solo con el nivel de autismo. Un número no captura esa complejidad, no dice dónde están las fortalezas, no dice qué puede llegar a hacer. Adrián no es su diagnóstico, tampoco es un número, es un niño con un perfil cognitivo único, y eso es lo que hay que acompañar.

¿Qué son los niveles de autismo y qué miden realmente?
El sistema de niveles viene del DSM-5, el manual de referencia para diagnósticos en salud mental, establece tres categorías según el grado de apoyo que necesita la persona:
- Nivel 1: requiere apoyo
- Nivel 2: requiere apoyo sustancial
- Nivel 3: requiere apoyo muy sustancial
Lo que muchas familias no saben es que estos niveles miden soporte, no inteligencia, no capacidad de conexión, no calidad de vida futura.
El problema de criar mirando siempre una escala de autismo
Cuando nos aferramos al nivel, sin darnos cuenta empezamos a filtrar todo por ahí. Bajamos expectativas antes de tiempo, dejamos de intentar cosas porque “con su nivel eso no aplica” y entramos en comparaciones y en algunos casos autocastigo .
El nivel de autismo es útil para acceder a apoyos y terapias. Para eso fue diseñado. El problema es cuando lo usamos para definir lo que nuestro hijo puede o no puede llegar a ser.
Los avances que no aparecen en ninguna evaluación
Que tu hijo tolere un sonido que antes lo desbordaba es un avance, que este tolerando con anticipación el cambio de rutinas es un avance, que suba a un juego que antes le daba miedo es un avance, que se atreva a probar una comida nueva una textura nueva es un avance y que este aprendiendo a socializar es un avance.
Ninguno de esos momentos aparece en una evaluación clínica. Pero son reales, son suyos y son profundamente significativos si sabes mirarlos.
Confiar en el proceso sin soltar la realidad
No se trata de ignorar las dificultades ni de pretender que todo es fácil, se trata de no dejar que un número decida lo que esperas de tu hijo, de seguir apostando, seguir intentando y seguir celebrando lo que va logrando, aunque no llegue como esperabas, porque el potencial de un niño no cabe en una escala del 1 al 3.
Si estás en ese proceso, esto también es para ti.
