¿Sientes que el juicio ajeno afecta cómo acompañas a tu hijo autista? Aprende a regularte primero y a priorizar su bienestar.

Cómo funciona el sistema nervioso de Adrián

Para Adrián, el autismo implica una forma distinta de procesar el entorno. Los sonidos, los cambios inesperados o la espera pueden resultar abrumadores para su sistema nervioso. Lo que desde fuera parece una reacción desproporcionada, por dentro es una tormenta real.

Cuando Adrián se mueve más de lo esperado, se detiene a observar, necesita tiempo extra, o se interesa con intensidad por los insectos, los trenes, en repetir una y otra vez una escena o el movimiento del agua, no está desafiando ni desobedeciendo. Está intentando autorregularse.
Y en esos momentos, la pregunta que más me ha costado hacerme no es qué le pasa a Adrián. Es qué me pasa a mí.

El conflicto interno del adulto: entre el juicio y las necesidades reales

Aquí es donde aparece el nudo. Porque en esos momentos, los adultos tenemos nuestros propios mecanismos automáticos:

  • Queremos que la situación termine rápido.
  • Queremos que “desde afuera” se vea normal.
  • Queremos evitar miradas y juicios.

Y entonces, sin darnos cuenta, tomamos decisiones desde ese miedo. No desde lo que nuestro hijo necesita, sino desde lo que otros piensan de nosotros. El autismo no se acompaña desde la prisa ni desde la apariencia. Se acompaña desde la comprensión.

Volver al foco: el adulto se regula primero

Antes de corregir, antes de intervenir, el primer paso es mirarnos a nosotros mismos. Preguntarnos, con honestidad: “¿Estoy actuando desde el miedo al juicio o desde lo que mi hijo necesita ahora mismo?”

Cuando logramos volver a ese foco, algo cambia. La escena deja de girar alrededor de nuestra incomodidad y vuelve a quien realmente importa. Soltar la mirada externa no es indiferencia, es prioridad.

Elegir acompañar en lugar de quedar bien

En muchos momentos no es posible hacer ambas cosas a la vez. No siempre se puede quedar bien y acompañar al mismo tiempo. Acompañar puede implicar:

  • Bajar el ritmo y esperar.
  • Salir del lugar sin explicaciones.
  • Permitir el movimiento que necesita.
  • Observar sin intervenir de inmediato.
  • Ofrecer seguridad en lugar de control.

Puede incomodar a otros. Puede generar miradas. Pero también genera algo mucho más valioso: un niño que se siente sostenido.

No explicar, no justificarse: solo cuidar

Durante una situación de desregulación no tenemos la obligación de explicar el autismo de nuestro hijo a desconocidos. No tenemos que justificar nuestra crianza. No tenemos que educar al mundo mientras sostenemos a nuestro hijo.

A veces el acto más consciente, el más valiente, es simplemente actuar con respeto y seguir caminando. Sin drama, sin disculpas, sin discurso.

Los entornos que regulan: la naturaleza como aliada

Por eso, siempre que es posible, buscamos espacios que acompañen el sistema nervioso de Adrián. El campo, la naturaleza, los entornos con menos sobrecarga sensorial ofrecen algo fundamental: tiempo y calma, sin prisa, sin exigencias de rendimiento.

En esos espacios Adrián puede:

  • Mirar sin prisa, sin que nadie le pida que se dé vuelta.
  • Preguntar desde la curiosidad sin sentirse juzgado.
  • Respetar a otros seres vivos y aprender de ellos.
  • Explorar sin que eso suponga un problema.

No siempre tenemos acceso a esos entornos. Pero cuando los encontramos, notamos la diferencia de inmediato. En su cuerpo, en su mirada, en cómo vuelve a ser él.

Criar a un niño autista no es dar explicaciones: es estar presente

La crianza respetuosa en el autismo no busca aplausos ni validación externa. Busca vínculo, comprensión y regulación.

Cuando el miedo al juicio se hace a un lado, aparece lo esencial: un adulto disponible y un niño que no está solo en lo que siente. Eso, aunque no siempre se vea bonito desde afuera, es una forma profunda y valiente de amar.

¿Te identificas con alguno de estos momentos? Y si conoces a algún papá o mamá que está pasando por algo parecido, comparte. A veces solo necesitamos saber que no estamos solos.

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