En el mundo del autismo, cuando buscamos información, no es raro toparse con testimonios de personas que aseguran haber “curado” el autismo de sus hijos con determinadas dietas o suplementos.
Soy consciente de que existen alimentos cotidianos como algunas harinas, el gluten, los conservantes o los azúcares refinados que pueden tener efectos negativos, causando inflamaciones o molestias en el sistema digestivo, especialmente en los niños. Como padres, cuidamos desde la calidad del agua que consume para evitar toxinas como el cloro. Pero de ahí a afirmar que una dieta específica puede “curar el autismo“…
No niego la importancia de la alimentación, siempre hemos procurado que Adrián que es un niño autista tenga una alimentación lo más saludable y equilibrada posible. No porque alguien haya dicho que eso “cura el autismo”, sino porque alimentarse bien es parte del bienestar físico y emocional, especialmente en un niño que está en pleno crecimiento.

Pero creer o hacer creer que una dieta lo “resuelve todo” es no comprender la complejidad del autismo y, peor aún, es cargar de culpa a familias que ya están dando lo mejor de sí.
Además, no se puede ignorar que muchos niños y personas autistas presentan selectividad alimentaria, lo que hace aún más difícil implementar ciertos cambios en la dieta. No se trata solo de ofrecerles algo diferente; muchas veces, simplemente no lo aceptan, y forzarlos puede generar más ansiedad que beneficios.
Y cuando se transmite la idea de que con “la dieta correcta” se puede borrar el autismo, se cae fácilmente en la trampa de culpar a los padres: los que no “lo han intentado todo”, los que “no se esforzaron suficiente”.
No estoy en contra de que cada familia explore lo que considera adecuado, siempre que lo haga con acompañamiento profesional, médico y nutricional. Pero también creo que es esencial tener los pies en la tierra y entender que no existe una fórmula universal que funcione para todos los niños.
El autismo no se cura. Se comprende, se acompaña, se respeta y se apoya. Y ese apoyo puede incluir una alimentación saludable, rutinas organizadas, terapias personalizadas, amor incondicional y muchísima paciencia.
Este blog refleja mi experiencia personal como madre de un niño autista. No busca ofrecer consejos médicos, sino compartir desde el corazón.