Meltdowns, gritos y bloqueo neurológico desde la experiencia con Adrián

Introducción

Hay momentos en los que le damos una instrucción a nuestro hijo y nada pasa, no hay respuesta. Entonces la repetimos una y otra vez, nos desesperamos y subimos el tono, intentando asegurarnos de que haya escuchado.

Y ocurre algo que duele ver y admitir: nuestro hijo parece irse, como si entrara en un “trance”, como si su mente ya no pudiera procesar nada.

Durante mucho tiempo pensé que me retaba o que simplemente no quería obedecer. Hoy entiendo que, muchas veces, la otra cara de esa reacción tiene una explicación neurológica.

Cuando un niño autista no procesa la instrucción

En muchos niños autistas, como Adrián, la dificultad no está en entender lo que se le pide, sino en procesarla cuando el sistema nervioso ya está sobrecargado.

Esto suele ocurrir cuando hay frustración acumulada, cansancio, interrupción de un interés intenso (como sus trenes), o ruido y tensión emocional.

En ese estado, el cerebro autista no responde mejor a la repetición.
Responde bloqueándose.

Repetir y subir el tono no aclara, sobrecarga

Gritamos porque estamos cansados, frustrados o desbordados. Pero para un niño autista, repetir una instrucción varias veces y escucharla con un tono elevado no significa “presta atención”.

Cuando el cerebro entra en ese estado, no hay comprensión, no hay lenguaje receptivo y no hay capacidad de responder.

No es desobediencia, es bloqueo neurológico.

Eso que parece un “trance” no lo es

Lo que vemos no es ausencia, es modo supervivencia: el cuerpo de Adrián deja de procesar palabras, se desconecta para protegerse y responde desde el sistema nervioso, no desde la razón.

Adrián no se bloquea porque no quiera obedecer.
Se bloquea porque su sistema nervioso ya no puede más.

El grito no crea el problema, pero sí lo intensifica

Esto cuesta aceptarlo, pero es importante decirlo sin culpa: el grito no siempre inicia el meltdown, pero sí acelera el colapso, porque para el cerebro autista es un estímulo sensorial fuerte, una carga emocional extra y una señal de peligro.

Y cuando su cerebro autista detecta peligro, apaga todo lo demás.

Qué necesita mi niño autista en ese momento

Durante ese bloqueo, Adrián no necesita más palabras, más instrucciones ni más explicaciones; necesita menos estímulos, menos exigencia y más calma externa.

A veces, la mejor decisión es detener la instrucción y acompañar el cuerpo antes que la conducta.

Ajustes que nos han ayudado (y seguimos aprendiendo)

Algunos cambios importantes han sido:

  • Dar una sola instrucción, corta y clara
  • Bajar el tono antes de pedir
  • Hacer una pausa real antes de repetir
  • Conectar primero con la emoción, no con la orden

A veces basta con decir “veo que estás frustrado”; eso abre un canal que el grito cierra.

Y cuando nosotros, como padres, perdemos el control

Perder la paciencia no nos hace malos padres, nos hace humanos. Criar a un niño autista implica sostener crisis, anticipar colapsos y cargar emociones propias y ajenas.

No estamos criando niños difíciles; estamos criando niños con sistemas nerviosos distintos en un mundo que exige demasiado.

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