Si convives con un niño autista, seguramente has notado que habla una y otra vez del mismo tema, repite palabras, sonidos, canciones o se enfoca intensamente en un interés específico. En el caso de Adrián, los trenes y el metro no son solo un gusto pasajero: son una parte importante de cómo entiende, regula y disfruta el mundo.

Esta repetición, lejos de ser algo negativo, cumple funciones profundas y necesarias en el desarrollo y bienestar de muchos niños dentro del espectro autista.

La repetición en el autismo: mucho más que una fijación

En el autismo, la repetición puede aparecer en el lenguaje, en los juegos, en los movimientos o en los intereses. Desde fuera, a veces se interpreta como una conducta que “debería corregirse”, pero en realidad suele ser una estrategia natural del cerebro autista para organizar la información y sentirse seguro.

Los trenes no solo son su refugio, sino también el motor de su imaginación, guiando sus emociones y despertando su creatividad en cada nuevo viaje.
Cuando Adrián habla de trenes, observa estaciones o quiere subir una y otra vez al metro, no está “atorado” en un tema: está conectando con algo que le da calma, alegría y sentido.

¿Por qué ocurre esta repetición?

Regulación emocional

Para muchos niños autistas, repetir un tema o interés es una forma de autorregularse. Les ayuda a manejar la ansiedad, la sobreestimulación y los cambios del entorno, en espacios demandantes, los intereses profundos funcionan como un ancla emocional.

Procesamiento del mundo

El cerebro autista procesa la información de forma distinta. La repetición permite comprender mejor lo que sucede alrededor, anticipar situaciones y crear estructuras mentales claras. Hablar varias veces de lo mismo no significa que no entienda, sino que está integrando la información a su propio ritmo.

Comunicación y lenguaje

Aunque un niño autista tenga lenguaje, expresar emociones, molestias o necesidades puede ser difícil. Muchas veces, los intereses se convierten en un puente de comunicación. Cuando Adrián habla del metro, no solo habla de trenes: habla de lo que le gusta, de lo que le emociona y de lo que lo hace sentir seguro. Ahí también hay comunicación emocional, aunque no siempre sea evidente para los adultos.

Fuente de motivación y aprendizaje

Los intereses profundos no limitan el aprendizaje, lo potencian. A través de ellos se pueden trabajar habilidades como el lenguaje, la atención, la memoria, las habilidades sociales y la tolerancia a la frustración. Cuando respetamos lo que apasiona a un niño autista, abrimos la puerta a aprendizajes significativos y duraderos.

Cuando dejamos de preguntar “¿por qué no habla de otra cosa?” y empezamos a preguntarnos “¿qué le aporta eso que tanto repite?”, el vínculo cambia, la crianza se suaviza y la comprensión crece.Porque para muchos niños autistas, repetir es sentirse seguros. Y sentirse seguros es la base de todo desarrollo.

¿Debemos limitar estos intereses?

El problema no es el interés, sino cuando el entorno intenta apagarlo por parecer excesivo o raro. En lugar de prohibir, es más sano acompañar, validar y ampliar. En el caso de Adrián, hablar de trenes no es una obsesión que deba desaparecer, sino una parte de su identidad que merece respeto.

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